lunes, 31 de agosto de 2009

De viaje en Lisboa (III): Visitando la ciudad

Hola otra vez a todos.

El objetivo inicial de nuestro viaje a Lisboa era que Papi asistiera a un congreso "de lo suyo", y como tuvo su ponencia al segundo día de llegar allí, se puede decir que casi todo el resto del tiempo lo empleó en estar con nosotros y acompañarnos a ver cosas por la ciudad.

Pero no os preocupeis, que Mami y yo nos apañábamos muy bien aunque Papi no estuviera, ya fuera en la habitación del hotel o paseando por las cercanías.


El jueves de esa semana nos fuimos a visitar el Oceanario, en la parte moderna de la ciudad (está junto a donde hicieron la Expo de hace unos años y está todo muy nuevo). Aquí estamos Mami y yo en la puerta. Lo mejor, que por ir conmigo teníamos cola preferente y además un descuento en la entrada. ¡Si es que mis papis no saben el tesoro que tienen en mí!

El Oceanario es como un acuario grandísimo donde tienen muchísimos animales marinos de todos los puntos del mundo, de manera que, según la parte que estés visitando, tienen que aclimatar la zona para que los animales estén cómodos. Había de todo: peces, tiburones, rayas, pingüinos... Pero dos de los más divertidos eran estas nutrias marinas. Se pasan todo el rato durmiendo panza arriba, flotando en el agua mientras se dan las manitas. ¡Son más simpáticas!

Ese mismo día, por la tarde, nos invitaron a una casa típica del Barrio Alto de Lisboa, donde se celebraba la cena buffet del congreso. Allí nos lo pasamos muy bien, y además estuvimos con unos amigos supersimpáticos de Granada, Carlos, Belén y su nene Carlos Pablo, con el que seguro que de aquí a unos meses, aunque sea un poquito mayor que yo, voy a correr un montón de aventuras.

Aquí estamos los dos, tan panchos, echando un chupitico de biberón.

Finalmente, el día anterior a nuestra partida, decidimos dar un último paseo por la ciudad, para ver algunos de sus monumentos. Ese día optamos por usar el BabyBjörn en lugar del carrito, porque hay que ver la cantidad de escaleras y los pocos ascensores o rampas que hay en el metro de Lisboa.

Aquí estamos con Mami frente a la Plaza del Comercio. Que ya es mala suerte que estuviera cerrada por obras justo en el momento en que fuimos a visitarla...

Ésta es una playa o algo (llamémoslo orilla) junto a la Plaza. No se podía pasar, pero creedme cuando os digo que tampoco apetecía acercarse mucho más.

¿A que mola nuestra sombrilla improvisada? Es que no veáis qué calor hacía en Lisboa...

Comimos en un restaurante muy majo de la zona y después nos fuimos para el Castillo, pasando antes por la Catedral. En ese tramo, Mami y Papi decidieron intercambiarse el BabyBjörn. Habrá quien piense que para descansar del peso, pero yo sé muy bien que es más por disfrutar de mí :-)

Aquí estamos, en la Catedral. ¡Sssshhh, silencio!

Y por fin, en el Castillo. Mirad a Papi, qué fresco él, cómo se toma un helado a la sombra, mientras busca estratégicamente el hueco para que a mí me dé el sol. Menos mal que por entonces estaba en plena siesta, que si no...

Y claro, como estaba durmiendo, me perdí las bonitas e impresionantes vistas de la ciudad. ¡Vaya por Dios!

Y siempre hay tiempo para atender a una urgencia. Menos mal que siempre vamos bien preparados.

¡Buf! Ese día sí que llegué cansadito al hotel, me quedé fritete enseguida. ¡Eso sí, que quede constancia de que aguanté todo el viaje como un campeón! :)

La semana en Lisboa se nos pasó volando, nos quedaron muchas cosas por ver. Pero, bueno, así tenemos la excusa para volver otra vez, ¿verdad?

En la próxima entrega, la vuelta a casa. Besos a todos.

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