miércoles, 17 de junio de 2009

La sabiduría viene en granitos dulces

Hoy, de nuevo, volvemos atrás en el tiempo hasta el día en que nací. Y hago esto porque tenía que contaros una anécdota muy curiosa que le ocurrió a Papi ese día.

Resulta que, a la mañana siguiente después de haber nacido, una vez que llegaron todos nuestros abuelos (bueno, los abuelos por parte de Mami llegaron por la noche, pero no me vieron hasta después de haber nacido) para conocerme, y después de haber descansado un poco y comenzar a familiarizarme con el nuevo mundo que se abría ante mí, decidieron irse a comer juntos.

Mami y yo nos tuvimos que quedar en el hospital, qué remedio. No importa tanto, porque como ya he contado otras veces, nos trataron muy bien allí. Y la comida estaba muy rica. La mía más, que era la tetica de Mami, pero bueno.

Así que todos los abuelos, junto con Papi, se fueron a un restaurante cercano al hospital para comer allí tranquilamente. Todo estuvo muy bien, el restaurante era ahora un buffet libre, podías comer de un montón de cosas ricas y todo lo que quisieras.

Papi estaba muy contento con su nuevo estado. Dice que aún no terminaba de creérselo, pero yo sé que estaba muy contento.

Y entonces ocurrió. A la hora del café, se encontró esta cita en el reverso del sobre del azúcar.

"Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo que tener un piano no lo vuelve pianista" (Michael Levine)

¿Qué? ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo, eh? Pues imaginad cómo se quedó Papi ante tamaña coincidencia...

Qué cosas tiene la vida, ¿verdad?

Bueno, pues sabed que Papi lo está haciendo lo mejor que sabe y puede. Y por ahora, creo que no me puedo quejar.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Una entrada entrañable...


    pero pongame una foto, nel? una foto del babyhor y ud, nel? no una de un abuelico... nel comprende??

    ResponderEliminar